Es curioso como en los momentos más insospechados nos vienen a la mente las cosas más insólitas…
El pasado 22 de mayo (¿ya ha pasado tanto tiempo?) participé en la VI Carrera de montaña de Cortes. Hacía una semana que había empezado a correr y posiblemente -seguramente- no estaba preparada, pero me habían dicho que podía hacerla andando, que era muy bonito, que me divertiría… la madre que los…
El día empezó muy bien, desayunamos en un bar cerca de la plaza del pueblo, cogimos los dorsales y nos dimos ánimos. No sabía lo que me esperaba, en el fondo soy un poco inocente. Contra todo pronóstico -porque suele ser lo habitual en mí-, no tuve nervios, total, era fácil: siempre podía hacerla andando y ese era el plan. Sólo tenía dos objetivos… terminar en el plazo que te daban (5 horas) y no ser la última. Conseguí los dos, aunque por los pelos…
Había visto el perfil de la carrera en la página de la Asociación Cultural “El Peirón” y, bueno, como era la primera carrera que hacía -y que he hecho porque en estos dos meses no me he atrevido con otra- no sabía nada sobre eso del desnivel acumulado, lo único que tenía claro es que eran 23 km -que se me hicieron interminables-. Mis amigos me dijeron que podía hacerla y me lancé -nota mental: NO VUELVAS A FIARTEEEE-.
La salida fue bien, todos contentos y sonrientes. En cuanto salimos del pueblo, los primeros km discurrieron por sendas y pronto por pista. No parecía difícil, lo único molesto era el calor y es que el sol apretaba un poquito, pero era soportable. Nos separamos enseguida, yo iba por de las primeras… por atrás… Llegué a la primera parada de aprovisionamiento de buen humor… 6 km, la cosa marchaba bien.
El paisaje merecía la pena pero tampoco había tiempo para hacer muchas fotos, un par con el móvil y a correr, todavía quedaba mucho por delante, la peor parte, para más señas. Todo el recorrido estaba muy bien señalizado, salvo en un punto donde nos perdimos un poco y supuso el abandono de Anna, por lo que me quedé sola. Pero no perdí el buen humor ni las ganas de seguir adelante. Supongo que no lo pensé demasiado, de haberlo hecho, habría tirado la toalla. Quedaban un par de km para el siguiente punto de aprovisionamiento, unos km muy duros, pienso que ahí se encontraba el mayor desnivel. Ahí estaba yo, perdida en un bosque sin nadie a la vista, subiendo, subiendo, subiendo… ¡Corre, Forest, corre!
Desde ese pico la vista era impresionante, pero había que seguir. No quedaba agua, así que cogí una bebida energética y venga a correr, las piernas me respondían, todavía quedaban 10 km, podía conseguirlo. Bajé como un rayo intentando recuperar algo de tiempo. Decidí no correr tanto porque podía hacerme daño… ¡¡horror!! andando y justo antes de llegar al km 14, pisé mal una piedra y ¡¡ploff!!
Confieso que solté alguna lagrimilla, no sé si de dolor, de impotencia, de desahogo… de todo eso. Pero pensé que igual esta era la única carrera que hacía en mi vida, en ese momento dudaba mucho sobre lo buena idea que había sido apuntarme, así que por qué no seguir, terminar y olvidarme del tema. ¡Corre, Forest, corre!
Y seguí corriendo. Varias personas de la organización me preguntaron si quería esperarme con ellos para bajar en coche, pero soy cabezona como yo sola (Zárágózá) y seguí adelante con su apoyo, la verdad es que muy bien recibido, casi tanto como una venda y réflex. Jo, ¡cómo me dolía el tobillo! Y qué rabia me daba, al día siguiente tenía jornada padeolera y hacía dos meses ya me había torcido el tobillo, ¿sería mala suerte o reincidencia?
El último km era mortal, cuando parecía que ya llegabas, te encontrabas con una pared por la que había -prácticamente- que escalar y luego una subida de mírame y no me toques -o no me subas, en este caso-. Pero ni eso ni el cansancio ni el dolor pudieron conmigo y terminé. TERMINÉÉÉÉ.
Y ME ENCANTÓ. Pienso repetir otro año para mejorar el tiempo que hice, lo que no va a ser difícil. El caso es que fue una experiencia alucinante. Mi amiga Tati dice que todo fue cuestión de cabeza y no lo niego, pero es que, además, el cuerpo me respondía bien. Tengo que agradecer a la pandilla que me llevara, porque no me arrepiento, sino todo lo contrario. La recomiendo a cualquier persona porque si bien fue dura, estaba todo muy controlado, bien organizado y podía hacerse. ¿La próxima? No sé cuándo, pero la habrá.
Por lo demás, si alguien quiere ver alguna foto, Manuel Gual hizo un reportaje que podéis encontrar aquí.

























